Todo lo que aprendí, lo aprendí de mi madre

Todo lo que aprendí, lo aprendí de mi madre

Una mamá reflexiona acerca de las mayores lecciones que aprendió de su mamá.


Cuando llegué a la maternidad, lo hice a conciencia: leí todos los libros, hablé con todas mis amigas mamás, busqué absolutamente todo, y claro, mi esposo y yo esperamos hasta el momento propicio (ja ja).

Y cuando finalmente me convertí en mamá, me di cuenta de lo poco preparada que estaba. Tener un bebé fue una experiencia completamente arrolladora. Y mientras veía a mi bebé pasar de recién nacido a infante, a niño pequeño, a preescolar, aprendí rápidamente que cada etapa de la maternidad es, a su manera, total y completamente abrumadora.

Los niños son un torbellino. Un abrazable, maravilloso, amoroso (y algunas veces exasperante) torbellino. Cada vez que mi pequeño torbellino se convertía en huracán, me daba cuenta cuánto me hacía falta mi mamá. La he llamado para pedirle consejos; he necesitado su hombro para llorar. He tenido preguntas; y me he sentido completamente confundida por las últimas travesuras de mi hijo.

No me tomó mucho tiempo darme cuenta, a pesar de mis objeciones adolescentes, cuanto me había enseñado mi propia madre. Quizás hizo falta que me convirtiera en mamá para poder entender el rol que tiene una madre en la vida de su niño, pero ahora lo entiendo.

Estas son algunas lecciones que me enseñó mi mamá, y que me esfuerzo por infundirle a mi hijo:

1. Cuando digas “te quiero”, dilo porque de verdad lo sientes: en mi familia, un “te quiero” no es simplemente algo que se dice para despedirse de una conversación telefónica o para decir buenas noches; es una frase llena de significado. Mami me lo decía muchas veces, en momentos en los que realmente importaba– cuando yo sentía que había fallado, cuando me había raspado la rodilla, cuando me estaba recuperando de un corazón roto. Y especialmente, cuando ella estaba enojada o decepcionada conmigo: ella me amaba, siempre. Mi mamá siempre me lo recordaba, incluso durante mi adolescencia cuando yo me consideraba muy cool para decírselo a ella.

2. No son errores si aprendes de ellos (en otras palabras: sé resiliente ): como una niña perfeccionista que odiaba fallar, cometer un error se sentía como el fin del mundo. Pero mami siempre me recordaba que no tenía que ser perfecta y que un resbalón no era el fin del mundo. Que no era un error si yo aprendía de esa experiencia, era solo una lección –una forma de saber hacerlo mejor la próxima vez.

3. Siempre busca ayudar y ser amable : muchas veces, la infancia es acerca de aprender qué hacer ante decisiones y momentos difíciles. Cuando yo le preguntaba qué hacer, mi mamá siempre me preguntaba, “¿estás ayudando o siendo amable con lo que vas a hacer?” La empatía y la compasión son celebradas en mi hogar.

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4. TODOS somos valiosos: mi madre nunca distinguió entre un abogado y un recolector de basura: los dos hacían trabajos muy importantes. Nosotros siempre respetamos a ambos por igual.

5. No te sientas menos que los demás: los niños deben aprender el respeto por sí mismos, y parte de ese proceso es aprender qué aceptar por parte de los demás. Mami fue muy firme en este sentido: no te sientas menos que los demás. Nunca dejes que nadie – ni amigo, ni novio, ni siquiera una figura de autoridad – te trate mal. Las relaciones buenas, incluso las profesionales, se basan en el respeto. Y punto. Fin de la historia. Sin excepción.

6. Expresa tus emociones: bueno, somos latinas y tal vez esto sea obvio para nosotras, pero mi madre expresaba mucho sus emociones. Ríe. Llora. Grita. Abraza. No escondas tus emociones. (Hoy en día me siento orgullosa cuando le digo a mi hijo que está bien llorar.)

7. Sé agradecida. Muestra gratitud: Uy. Esto ha sido muy revelador con mi propio hijo. La gratitud –no solamente la palabra “gracias”, sino el sentimiento real y profundo de gratitud genuina –resulta difícil de enseñar. En cada oportunidad, Mami me enseñó a ser agradecida por todas las cosas, grandes y pequeñas. Me enseñó a apreciar todo lo que tenía.

8. Sé valiente: algunas veces lo más difícil es dar el salto. Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos a asumir riesgos. Tenemos que enseñarles que valor no significa no tener miedo, sino más bien la decisión de hacer algo incluso cuando tenemos temor.

9. Carpe Diem: ahora se dice YOLO, pero la idea es la misma: aprovecha el día porque solo se vive una vez. Vive cada momento como si fuera un tesoro, ya que nunca sabrás cuando va a ser el último momento para abrazar a alguien especial, para comerte ese pastelito o viajar a aquel destino lejano.

10. Nunca te abandones a ti misma: de niña, nunca pude entender por qué las madres de mis amigas se pasaban todo su tiempo yendo y viniendo por todas partes, haciendo absolutamente todo por ellas, mientras que mi madre insistía en reservar un poquito de tiempo para dedicarse a sus propios intereses. Ahora lo entiendo. Lo entiendo muy bien. Somos mejores cuando también nos cultivamos a nosotras mismas.

¡Gracias, mami!

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